
Mi camino en el Autoconocimiento y el Crecimiento Personal comenzó allá por 2019, a raíz de una gran crisis personal en la que no conseguía encontrarme a mí misma.
Un divorcio nada fácil de mis padres y todo lo que ello desencadenó, junto con el vivir una «pandemia» empezó a hacer que me cuestionara diversos aspectos sobre cómo había ido construyendo mi vida y mi manera del ver el Mundo. A ésto se le sumó una gran mochila que me había echado a las espaldas de cargas familiares y responsabilidades que no me correspondían y ya me estaba pesando demasiado. Sino comenzaba a soltar, no podía seguir avanzando. Mi alma me pedía ir “despertando”…
Me encontraba en un punto en el que había conseguido todo lo que supuestamente tenía que hacerme feliz: un buen trabajo fijo, una casa, una pareja e hijos estupendos… Pero a pesar de todo eso, yo no me sentía completa. Había conseguido una vida estable con poco más de 30 años pero, ¿y ahora qué?
Sentía que algo me faltaba, pero no sabía el qué, y a la misma vez me enfadaba conmigo misma por pensar así. Me sentía egoísta y no sabía qué podía hacer, así que empecé a buscar “qué había que hacer para ser feliz”.
En esa búsqueda, algo caótica, fue cuando me empecé a topar con los conceptos de “heridas emocionales”, “niña interior”, “las sombras”… Antes totalmente desconocidos para mí.
Ir conociendo esas partes más “oscuras” de mí, me hizo darme cuenta de que había delegado mi felicidad por completo en el exterior. Había ido en automático, haciendo lo que “había que hacer” y no cuestionándome nada.
Había establecido una sonrisa perenne en mi cara que hacía creer a todo el mundo, y a mí, que todo estaba bien cuando no era así. Vivía desconectada de mis emociones por completo. Me había enfocado en lo que creía que los demás esperaban de mí y no me había dado cuenta de qué era lo que realmente “yo” necesitaba.
Ahí fue cuando los cimientos de esa vida que tenía construida se fueron desmoronando. Me sentía como si alguien hubiera montado el puzzle de mi vida por mí y yo no hubiera elegido prácticamente el lugar de ninguna de las piezas que se habían ido colocando. Así que el puzzle estaba montado, pero no lo sentía completamente mío.
Empecé a ahondar en mis sombras, me permití estar en el fango un tiempo, conociendo a fondo todo lo que había ahí, para poco a poco ir poniendo luz y poder ir abrazando cada rincón de esa oscuridad. Rescaté a mi niña interior.
Repasé cada área de mi vida, aprendiendo de todo aquello que me había pasado, desarrollando en mí esas capacidades que tenía pero que no había reconocido aún, conociéndome a mí misma y conociendo a las personas que me rodeaban. Salí del papel de víctima, reconocí mis personajes y máscaras, esos patrones adquiridos como propios pero que no lo eran, y empecé a tomar la responsabilidad y el control de mi vida. Recoloqué de nuevo las piezas de ese puzzle, sintiendo que ahora era yo quien elegía cómo hacerlo.
Fui a Terapia, conocí el rasgo PAS, el Eneagrama, me formé durante 2 años en Constelaciones Familiares, Terapia Energética (Barras Access) y como Terapeuta Transpersonal.
Me encontré de nuevo, me perdoné, me permití SER. Reconocí y pude ver a mis padres tal y como son, empecé a vivir mi matrimonio desde la mujer y no desde la niña, reconocí al gran compañero de vida y maestro con quien comparto mis días, cogí la fuerza de la vida para ser ejemplo y guía para mis hijos y vivirme a cada día.
Descubrir lo sanador y reconfortante que es el conocerse a sí mismo, me llevó a querer poder acompañar a otras personas a conocer estas herramientas y descubrir que todos tenemos la posibilidad de llevar la vida que queremos realmente vivir, predominando lo que nuestra alma quiere y necesita frente a lo que otros esperan de nosotros. Conocer nuestro verdadero potencial.
Transitar este camino de vuelta a casa, a mi ser, me hizo sentir una profunda conexión con mi propósito de vida (sensación que no había conocido antes).
Esto me llevó a dar un salto muy importante en mi vida, superando muchos de mis miedos limitantes. Después de llevar más de 14 años trabajando en el mundo administrativo, en agosto de 2022 decidí dejar esa estabilidad laboral para frenar y cambiar de rumbo, apostando e invirtiendo en un nuevo futuro para mí, el cual me motiva y me hace sentir que ahora sí estoy siendo fiel a mí misma.
Este camino es el que me hace ponerme al servicio de la vida como acompañante del Alma, compartiendo mis conocimientos como Terapeuta Transpersonal, Sistémica y Energética con las personas que resuenen con ello y así lo decidan.
Ahora, mirando con perspectiva y tras el trabajo realizado, puedo abrazar mucho a la Cristina que fui, a mis padres, a las personas que se han cruzado en mi camino, a mi familia y a la vida en general.
Entiendo que todo ha sido perfecto tal y como es, para mi aprendizaje, para mi evolución y no hay nada que desee más que el que todos podamos sentir que nunca es tarde para tener una vida feliz. Una vida que sintamos que se da a cada instante. Una vida en la que nos demos cuenta de que YA SOMOS y nos sintamos como el ser maravilloso que hay en nuestro interior y que espera ser visto de nuevo.
Un gran y cálido abrazo.
Nos vemos en el camino.
Cristina.

Deja un comentario